¿Pensabas que la naturaleza aún nos guardaba un refugio de pureza? Pues bien, puede que quieras sentarte antes de leer esto: un reciente estudio sueco revela que ya no hay ningún lugar del mundo donde el agua de lluvia sea segura para beber. Ni siquiera en esas zonas remotas donde solo llegan los turistas más intrépidos… o los yaks. ¿Culpables? Los ineludibles “productos químicos eternos”.
Los PFAS: invasores invisibles de todo el planeta
Durante años, escuchábamos hablar de la omnipresencia de los microplásticos: desde las cimas montañosas hasta las profundidades marinas, estos visitantes inesperados se habían colado por todas partes. Pero hay otras sustancias aún más discretas que también se dispersan sin piedad: las sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas, conocidas por sus siglas en inglés, PFAS. Estas sustancias, según el estudio publicado el 2 de agosto de 2022 por la Universidad de Estocolmo en la revista Environmental Science & Technology, han logrado una difusión planetaria, impregnando suelos, ríos y océanos.
La gravedad del problema es tal que los PFAS ya se encuentran en el agua de lluvia e incluso en la nieve. ¿Resultado? Según los científicos, poca discusión cabe: el agua de lluvia se ha vuelto inbebible en cualquier rincón del planeta. Sí, sí, en todos.
No solo en el ambiente: riesgos directos para la salud
Quizás pienses: “Bueno, ¿y qué? Al menos aquí no llueve tanto”. Pero la cosa va mucho más allá. Los PFAS están vinculados a una retahíla nada envidiable de problemas de salud y enfermedades graves. Entre los efectos identificados se encuentran:
- Ciertos tipos de cáncer
- Problemas de infertilidad
- Complicaciones durante el embarazo
- Déficits inmunitarios
- Hipercolesterolemia
Y atención, padres y madres del hemisferio y del planeta entero: en niños, estas sustancias también pueden causar problemas de aprendizaje y de comportamiento. Ideal para complicar los deberes y las reuniones de padres.
La persistencia de un problema global
Los autores del estudio no dejan lugar a dudas: a pesar de que en las últimas décadas las concentraciones generales de PFAS han bajado, todavía siguen siendo demasiado altas en algunos compuestos. Esto hace que el agua, incluso donde parece cristalina y pura, no sea apta para el consumo.
Para llegar a estas conclusiones, los científicos no solo se han quedado en sus laboratorios, sino que han salido al terreno a recolectar pruebas. ¿Y el resultado? Algunas concentraciones de PFAS no han disminuido realmente, incluso después de que la empresa 3M (uno de sus principales fabricantes) haya iniciado una progresiva eliminación de estos compuestos. Según los investigadores, esto no sorprende: los PFAS son increíblemente persistentes y resistentes a la degradación. Por algo les llaman “químicos eternos”…
Un ciclo que no se detiene y regulaciones superadas
El estudio resalta, además, que el transporte de PFAS del agua de los océanos hacia el aire marino, por medio del rocío, es en gran parte responsable de su persistencia atmosférica. Este fenómeno alimenta un ciclo global de los PFAS que, hasta ahora, no muestra señales de agotamiento. Así, los límites fijados por las legislaciones sobre calidad del agua para la salud humana han sido simplemente superados, según los investigadores.
Y si esperabas un giro optimista, lamentamos decepcionarte. Los científicos creen que el margen de maniobra es muy escaso. Según su opinión, sería necesario revisar a nivel mundial los límites de concentración de PFAS, pero desdichadamente esos límites ya están más que sobrepasados.
En definitiva, aunque uno sueñe con beber agua fresca de la lluvia tras una caminata épica o una aventura por tierras lejanas, la ciencia nos aconseja pensarlo dos veces (o tres). Así que la próxima vez que levantes la cabeza al cielo y caigan gotas, recuerda: lo natural no siempre es lo más saludable. ¡Atentos y a informarse siempre, que el conocimiento también es un buen paraguas!







