¿Te sientes como una olla exprés a punto de estallar? Tranquilo (o intenta relajarte, al menos). La hipertensión arterial puede parecer salir de la nada, pero a menudo tiene más relación con lo que pones en tu plato que con el azar. Descubre los alimentos que, según expertos, deberías eliminar de tu dieta cuanto antes para mantener la presión bajo control y evitar sorpresas en el tensiómetro.

¿Por qué sube la tensión? No es solo cuestión de genes

La hipertensión puede tener varias causas. A veces, es simple herencia familiar, algo contra lo que poco se puede hacer salvo mantenerla bajo control. Otras veces, llega con la edad —¡Felices arrugas y tensión alta!—, y además, los hombres están más expuestos que las mujeres a sufrir esta condición.

Pero no todo está escrito en tus genes. Las malas costumbres, esas que todos conocemos, tienen su peso. Así lo indica la Fundación para la Investigación Médica: la vida sedentaria, el tabaco, el exceso de alcohol, el estrés, el sobrepeso e, importante, una dieta demasiado salada pueden disparar el riesgo de hipertensión. Así que, sí, la culpa a veces está en la mesa (y no solo cuando olvidas la ensalada).

Los alimentos que suben la presión (y deberías evitar)

Si bien hay tratamientos médicos para controlar la tensión, los profesionales insisten en la importancia de reducir o eliminar ciertos alimentos que la elevan. Aquí tienes algunos enemigos declarados de tu tensión arterial:

  • Cubitos de sabor: Son los reyes del sabor rápido, pero están cargados de sal, lo que puede aumentar la presión. ¿Sabroso? Sí. ¿Recomendable? Menos que una siesta de cinco minutos después de un café fuerte.
  • Comidas preparadas: ¿Poco tiempo para cocinar? Optar por platos preparados puede parecer práctico, pero estos alimentos suelen contener cantidades elevadas de sal para conservarse. Mejor optar por una opción casera, aunque sea una ensalada improvisada.
  • Pan: Ese compañero diario esconde más sal de la que imaginas. Para los hipertensos, no es lo más aconsejable. Si no puedes vivir sin pan, elige pan integral, que contiene menos sal.
  • Embutidos: Celebridades de cualquier aperitivo, los embutidos no solo son muy grasos, sino además muy salados. Por el bien de tu salud, lo mejor es renunciar (sí, lo sabemos, cuesta… pero tu corazón lo agradecerá).
  • Regaliz: Amada por unos, odiada por otros, pocos saben que el regaliz contiene una molécula que afecta negativamente la tensión. Si ya eres hipertenso, consúmelo lo menos posible.

El peligro invisible en tu dieta y otros riesgos

No se pueden ignorar otros factores peligrosos para la presión. Según la Fundación para la Investigación Médica, una vida sedentaria, el consumo de tabaco, el estrés, el alcohol y el exceso de peso favorecen la hipertensión tanto como la mala alimentación. Así que prestar atención a lo que comes es fundamental, pero también lo es moverse y relajarse —tu sofá puede perdonarte algunas ausencias.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que algunos alimentos, como el pomelo y su jugo, aunque a veces considerados saludables, pueden actuar como barrera frente a ciertos medicamentos para la hipertensión. Conviene informarse bien antes de añadirlos a la dieta si tomas tratamiento médico.

¿Debo preocuparme? Cuándo consultar al médico

Aunque lleves una vida ordenada, la hipertensión puede aparecer y mostrar su cara a través de síntomas muy concretos. Presta atención si percibes:

  • Dolores de cabeza
  • Dificultad para respirar
  • Palpitaciones cardíacas
  • Mareos
  • Sudores
  • Insomnio
  • Sangrado nasal

Ante cualquiera de estos síntomas, no dudes en contactar con un profesional de la salud: no todos los héroes llevan capa, algunos llevan bata blanca. Y recuerda, aunque a veces el destino viene marcado por la genética o la edad, cuidar lo que comes es un paso fundamental para ponerle freno a la hipertensión. Redescubre el sabor natural de los alimentos —¡tu presión arterial te lo agradecerá con creces!