Cicloturismo

Viajar en bici no es para súper humanos

Karen Wilcken, fotógrafa, ciclista urbana, activista y mamá, Jaime Paéz, intelectual y catedrático y Felipe Tamayo, Fotógrafo y cicloviajero emprendimos esta travesía por la educación y convivencia vial, que se convirtió en una prueba que, si quieres, puedes.

Karen y yo planeamos este viaje con un trasfondo educativo, luego en gran parte del mismo se uniría Jaime; tanto para Jaime como para Karen era su primer viaje en bicicleta y ninguno había realizado un entrenamiento previo.

Era el 1 de enero de 2019 Karen estaba bastante enferma a causa de una reacción a la vacuna de fiebre amarilla, Jaime me escribía para saber si nos podía acompañar en esta travesía, yo por mi parte intentaba organizar todo el equipo, repuestos, estufa y todas las cosas que se pudieran llegar a necesitar en esta travesía desde un paracetamol hasta las baterías de las cámaras.

La responsabilidad era grande, llevar por medio país en bici a dos primerizos sin contratiempos, mientras adelantábamos una campaña de seguridad y convivencia vial que incluía tomar fotografías, grabar videos, atender entrevistas y dictar charlas de sensibilización a civiles y policías.

Por fin todo empieza el 4 de enero cuando nos encontramos en el monumento a los héroes en Bogotá para desde allí salir los tres despedidos por el equipo de City Tv, iniciamos una rodada llenos de emociones tomando la calle 80 por unos buenos kms, hasta llegar al alto del vino nuestro primer puerto de montaña en este viaje.

La fiebre castigaba a Karen pero como la guerrera que es, la soportó muy bien, tras el alto bajamos bajamos y bajamos, Jaime y Karen experimentaron lo que es bajar con peso y la importancia de tener buena parrilla y las alforjas adecuadas. El día termina cuando llegamos a Villeta Cundinamarca a buscar un lugar donde dormir y donde Karen se pudiera bañar con agua helada para bajar la fiebre.

La noche fue difícil para Karen y para mí ya que la fiebre no permitió que durmiéramos mucho, temprano en la mañana empacamos y nos dirijimos a enfrentar el alto del trigo que era el coco de este viaje para los dos nuevos viajeros.

Subiendo este alto recordaron la advertencia que les hice “en todo viaje se llora, se tira la bici, alguien vomita y a otro le dan churrias” las tres primeras se cumplieron en el ascenso a este puerto de montaña, la cuarta vendría días después.

Karen subió con una fiebre terrible y Jaime se enfrentó a los mas de 30 grados de temperatura, en el camino tuvieron oportunidad de reflexionar y enfrentar sus demonios. La aventura y el camino empezaban a aleccionarlos y a templar su carácter tanto como sus piernas, pedalazo a pedalazo se estaban convirtiendo en cicloviajeros!

Casi 5 horas tardó el ascenso yo preocupado y sin ritmo les daba ánimo y por dentro hacía fuerza para que lo lograran con entusiasmo.

Llegamos para celebrar con un boli y algo de comer; nos faltaba camino antes de llegar a nuestro descanso imprevisto en el Dindal pero eso es otra historia.

Al llegar a Guaduas almorzamos y muy felices reposamos, en mi mente pensaba que las subidas ya habían terminado, pero no jajajja había olvidado que el inicio de la ruta del sol es subiendito.

Nos agarra la noche en medio de la ruta ya que veníamos rodando lento a causa del castigo del trigo (alto que habíamos coronado horas antes).

La meta no la conseguimos y de manera improvisada llegamos poco después de las 7 pm a el Dindal corregimiento de Caparrapí Cindinamarca, donde encontramos posada cómoda y barata en casa de la señora Elmira, pregunten por ella que no hay pierde. Así terminaba el día 2.

Madrugamos a nuestro día 3 y el agua con un fuerte aguacero nos acompañó sin bajarnos la moral las primeras horas, al almuerzo empapados nos desviamos algunos kms a Salgar para comer y secar la ropa.

Ya habiendo comido y descansado emprendimos viaje rumbo Puerto Boyacá a donde llegamos entrada la noche y donde conocimos grandes personas, un pueblo sufrido y muy amable donde seguimos sin entender; Por qué, no se aprovecha más el río Magdalena?

Nos levantamos al día 4 sin saber que haríamos una de las etapas más largas y monótonas del viaje, al salir de Puerto Boyacá nos encontramos un grupo de ciclistas bastante picados que en vez de alentar a Karen y Jaime los intimidaron, lo que no contaban es que este exgordito les tenia guardada leña! “Recuerden somos todos compañeros, si ves un ciclista que va lento anímalo y respétalo, ya que no sabes hace cuánto está rodando” 138 kms después nos encontrábamos en un patio de mulas entre Cimitarra y Puerto Araújo, donde encontramos una sorprendente habitación que desde afuera no se veía bien pero por dentro todo un lujo! Dormimos como morsas.

Al sonar las 6 ya estabamos tomando el desayuno del día 5, castigo arcoíris y un bello almuerzo en cercanías del Batallón Ricaurte, Karen empezaba a dominar el arte de la siesta post almuerzo en el piso, Jaime la tomaba en un asiento y yo mientras de celador. Apretamos paso y llegamos a San Alberto donde ya se sentía la costa en forma, vendedores que se te acercan y acomodadores de hotel que se pelean por la comisión.

Encontramos una frutería muy rica y luego enseñamos a Jaime como despinchar, pueden ver el video en redes.

En el mismo hotel nos hicimos amigos de unos muchachos que venían pedaleando desde Boyacá con rumbo Santa Marta mismo destino de Jaime pero no nuestro.

Nuestro día 6 no empezó tan temprano como de costumbre, nos ganó el cansancio, lo mismo les pasó a los amigos de Boyacá, con mucho ánimo y buen ritmo tomamos nuestra ruta, ese día estuvo particularmente caliente, tuvimos que hacer una parada improvisada para evitar un golpe de calor, nos refrescamos y al rato arrancamos para almorzar, continuar rodando y llegar a meta, en este caso Pelaya

El día 7 sería la despedida de Jaimito quien seguía para Santa Marta por la ruta del sol. Nosotros tomaríamos el desvío en El Burro rumbo Mompóx.

Dicen que Mompóx es la perla del Magdalena y más parece la ciudad perdida de Indiana Jones, llegar fue todo un camello!

Justo al dejar la tienda del desvío al burro la primera parada es El Banco Magdalena todo el tiempo la carretera es bien regular, llegamos a El Banco y se siente que es puerto, nos sentimos un poco como en el África (al menos así se ve en los documentales) comimos y a pedalear!

El camino se pone peor casi todo es tierra pasamos un puentesito y como a los 10 km llegamos a Santa Margarita, en todo el camino apretamos paso no sentí la ruta muy amena y me tenía algo intranquilo aunque seguro fue bobada mía.

Era el 10 de Enero y nuestra vida cambiaría para siempre, ninguno de los dos conocía Mompóx, hermoso pueblo lleno de historia donde me eché al agua para preguntarle a Karen si quería que pedalearamos juntos por el resto de nuestra vida, la respuesta fue SI! Qué alegría, la pasamos muy bueno el 10 y 11 en Mompóx de mini luna de miel.

Enero 12 el día 9 de viaje y 8 de rodar, muy a las 5 am tomamos una camioneta que nos acercó al pueblo de la Bodega de Yatí puerto desde donde sale el ferry, fue un recorrido de 45 minutos en carro, era la única manera de llegar y cumplir el cronograma.

2 horas de un romántico viaje en ferry por el Magdalena, que además es gratis para ciclistas, nos llevaron a Magangué, qué calorón tan macho.

Técnicamente Magangué es nuestro inicio de rodada, 84 kms después de pedalear una carretera de piedritas llena de sube y bajas nos llevaron a Ovejas Sucre, donde probamos las mejores arepas de huevo (bomba Terpel de la salida de ovejas) Luruaco te desbancaron.

Fue un día de muchos parajes solitarios.

Enero 13 día 9 de rodar, sin mucho madrugar y entre muchas risas y comida nos fuimos rumbo Carmen de Bolívar donde nos esperaban mis amigos del Delta MTB, aprovecho para saludar a todos los clubes MTB amigos de Pedalazos que Unen Pueblos en la Costa, Mayi y su familia nos esperaban con un rico almuerzo y dispusimos todo para adelantar una reunión donde compartimos material de la Ley 1811 y dejamos los lineamientos para que se genere la mesa de la bicicleta del Carmen, invitamos a la unión de todos los clubes en pro de la seguridad de los ciclistas y del reconocimiento de los derechos y beneficios que la Ley nos otorga.

De antemano agradecemos su calidéz, al caer la tarde agarramos las bicis y a rodar de noche hasta San Juan Nepomuceno donde Dinna otra rider nos recibió en el Hotel Malibú, todo un lujo! Llegamos después de una pequeña caída y dos sustos casi a las 9 pm, gracias a las luces que nos prestó Kryptonite y a los chalecos reflectivos del programa de la Secretaría de Movilidad viajamos seguros.

El 14 de Enero mi plan era llegar a Sabanalarga, pero una frase de Karen cambió todos los planes: “amor debe ser muy emocionante llegar al mar en bici” a lo que le dije, “mona nos vamos pa Cartagena!” Turbo que el día se alargó, como una pro pedaleamos con fuerza para llegar a almorzar a Turbaco no sin antes parar en Gambote por un jugo y las fotos en el puente.

En la tierra del cacique Turbaco el sol nos castigó duro así que tocó almorzar, tomar café y esperar casi hasta las 2:30 antes del envión final a Cartagena de Indias.

Con mucha emoción le dimos fuerte derechito para entrar por la avenida Pedro de Heredia, que es sin duda el ejemplo de cómo no debe ser la movilidad y el tráfico en ningún lugar del mundo.

Desde esta crónica hacemos un llamado a las autoridades de la Heróica para que por fin se pellizquen en el tema de movilidad y respeto al ciclista.

En más de una ocasión nuestra vida corrió riesgo y tuvimos un fuerte encontrón con un alimentador de transcaribe quien no solo nos arrinconó en la llegada a un semáforo que estaba en rojo sino que también me echó el bus encima tocando el tripode que llevaba en la parrilla que evitó que mi bici se dañara.

El cansancio se desapareció cuando entramos a Cartagena, la alegría le ganó a la leñera que traíamos encima.

Disfrutamos dos días haciendo fotos en Cartagena y adelantando una nutrida charla con el equipo que está conformando la Mesa de la Bicicleta de Cartagena, un saludo a Jader.

La noche dos la pasamos en Terneras a las afueras de Cartagena y para el 16 de Enero y día 10 de rodar salimos tempranito por Bayunca rumbo a Sabanalarga donde se encuentra el Centro de bici emprendimiento de Pedalazos que Unen Pueblos con apoyo del BBVA Colombia.

Un día donde el sol castigó mucho a Karen hacía un calor terrible que nos obligó a tomar un respiro delante de Luruaco, ya con más aire pedaleamos fuerte a Sabanalarga.

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