Ciclismo Mujer

Jesenia Caro, una mujer que encontró en la bicicleta la oportunidad de transformar su vida

Esta es una de las tantas historias del ciclismo de una valiente mujer quien, a pesar de haber tenido muchos descensos, ha subido pedaleando cada vez con más fuerza hasta convertirse en lo que es hoy: una gran ciclista. 

Dice un popular adagio que, “al mal tiempo, buena cara” y de esto sí que sabe Jesenia Caro, una mujer apasionada desde hace más de 10 años por el ciclismo y a quien la bicicleta llegó por casualidad en uno de los momentos más difíciles de su vida, para convertirse en su mejor salida. 

 

A Jeka — como la llaman sus cercanos — siempre le había encantado el deporte, menos el ciclismo. No obstante, su primer acercamiento real con las ruedas llegó cuando su exitosa empresa de producción publicitaria cayó en la quiebra después de 13 años, pero de todo lo que perdió, le quedó la bicicleta de los mandados, era una lambretta de canasta a la que todo le sonaba, pero no le dio importancia y la convirtió en su mejor aliada, y así empezó a salir a la ciclovía de Medellín los martes, jueves y domingos. 

 

Pese a que Jesenia no tenía ni el más mínimo conocimiento sobre su bicicleta, ni el estado físico necesario, este medio de transporte se convirtió en una terapia y en ese psicólogo que no tenía cómo pagar en el momento por la difícil situación que atravesaba, situación que recuerda hoy con mucho humor y que le planta una gran sonrisa de orgullo y le ilumina sus ojos. 

 

Jeka nunca pensó que tendría tanto potencial para el ciclismo, pero su proceso empezó a avanzar rápido y la ciclovía ya no era suficiente para lo que sus piernas le pedían, sin embargo, aún no tenía uniformes, el casco era de los patines de su hijo y las zapatillas eran unos tenis de colegio.  

 

Las rutas empezaron a ser más largas y exigentes, por lo que esta mujer de espíritu competidor, busco la manera de mejorar su máquina y se compró una bicicleta de MTB, pero su tío, quien veía en ella un gran talento, le obsequió una de ruta que él tuvo. Era una bicicleta roja, pesaba 13 kilos, por lo que sus compañeros empezaron a llamarla ‘La Amenaza Roja’.  

 

“Me enamoré de la bicicleta, me encantó, además porque tenía ese sentimiento de que había avanzado y de que estaba tocando el deporte ya de una manera más íntima. Esa fue ya mi perdición”, expresó Jeka al recordar sus primeras rodadas. 

 

Luego de esto, iniciaron los entrenamientos y Jesenia cada vez avanzaba más, por lo que encontró en las redes sociales una oportunidad para transmitir su pasión, carisma y espontaneidad a otros deportistas.  

 

“Fue divertido haber aprendido a montar bien en bici de ruta, es un cuento que yo ahora desde esta perspectiva puedo ver como un total proceso paso a paso. Yo no caí en paracaídas con profesor, bicicleta y zapatillas, a mí me tocó desde -0 y eso lo atesoro mucho más”, agregó.  

 

Jesenia decidió dedicar su vida a la bicicleta, involucrarse por completo, entrenar más fuerte y hasta inscribirse en competencias. Aunque inicialmente lo hacía por la medalla de participación, luego llegó a ganar el tercer puesto en el Clásico “el colombiano” en el año 2016 con exigentes pruebas de circuitos y montañas. Sin duda, entre tantos, este ha sido uno de sus logros más significativos, ya que venía de recuperarse de un duro accidente que tuvo en una rodada. 

Su pasión por este deporte es tan grande que Jeka se considera una “predicadora de la bicicleta” a donde quiera que vaya, pues a ella le transformó la vida por completo. 

 

“Yo a la gente le digo las bondades y las virtudes que tiene la bicicleta. Es realmente oxigenante, terapéutica, saludable y sirve para todo”, aseguró.  

 

A estas alturas de la vida, esta valiente mujer daba por superados todos los obstáculos, sin percatarse de que una batalla mucho más difícil estaba por llegar. Su hijo sufrió un accidente muy grave, razón por la que tuvo que desplazarse a otro país y empezar de nuevo, dejando atrás todos sus logros. Pero por supuesto, se llevó su bicicleta. 

Jeka tenía claro que, así como ninguna ruta le quedaba grande, esta nueva prueba tampoco lo iba a ser y enfrentó su nueva vida desde cero. Ella empezó a trabajar y a recorrer nuevos caminos, pero no sola, ahí estaba su fiel compañera.  

 

Por supuesto, su nivel bajó por completo y llegó a pensar que nunca lo volvería a recuperar, lo que le causó gran frustración, pero no se conformó y supo repartir su tiempo para poder entrenar y así, nunca más parar de rodar. 

 

Como ella misma lo cuenta, su mayor motivación ha sido su hijo Sebastián, quien siempre con sus palabras de aliento, le da la fuerza necesaria para pedalear más fuerte. 

 

A pesar de que rodar por la vida no se le ha hecho fácil, Jesenia ahora relata su historia con una sonrisa y sigue aferrada a su compañera incondiciona, aquella que la llena de alegría y con la que disfruta cada momento. 

 

“La bicicleta para mí tiene muchas bondades. Desde el punto de vista deportivo siento que me mantiene joven, saludable, activa; por el lado emocional es algo que te exige tanto y te hace trabajar todos tus miedos, debilidades, te enfrenta a ti mismo, te reta y te hace sentir poderoso. Y desde el punto de vista social, te llena de gente bonita”, añadió. 

 

Jeka solo tiene para decirles a aquellas mujeres que están empezando en este mundo y que creen que no pueden lograrlo, que, para ser ciclista, siempre hay que pensar en un proceso de crecimiento, que a este deporte se entra por amor y convicción. Solo se necesita voluntad, compromiso y disciplina. Lo único que les impediría hacerlo, serían ellas mismas.  

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